Una figura delicada, una sonrisa ligeramente reservada y a la vez sugerente, y una mirada que te deja sin aliento. Liz rebosa dulzura, pero bajo esa fachada también arde una chispa de rebeldía juvenil. Sabe que atrae todas las miradas, y sabe perfectamente cómo sacar partido de ello. Con una gracia natural resalta sus mayores encantos, y la visión de sus piernas increíblemente hermosas ya le ha hecho perder la cabeza a más de uno. Con cada mano, la partida se vuelve cada vez más intrigante, y la tensión en la mesa sube más rápido que las apuestas. Si te gustan las rivales que saben sorprender, sin duda merece la pena conocer a Liz.